El famoso grito de Tarzán fue la magnífica aportación de los Ingenieros de los estudios de sonido de la Metro Goldwyer Mayer, que, combinando diversas grabaciones y efectos electrónicos, obtuvieron una mezcla indescriptible y de efecto estrmecedor. Jonny Weismuller se limitaba a abrir la boca en play-back. Pero, herido en su amor propio, Weissmuller terminaría aprendiendo a imitar su propio grito y a doblarse a sí mismo algunos años después. Y, lo que es más, en sus años de decadencia seguiría considerado aquel grito como propio y doblaría la serie de dibujos animados que se realizó en los años sesenta. Al final de su vida, poco antes de morir en México en 1984, tras perder paulatinamente la razón ofrecía lamentables exhibiciones estentóreas de su famosos grito, incluso cuando le entrvistaban los periodistas. Weissmuller terminó creyéndose el mísmisimo Tarzán en persona, y aterrorizaba a las enfermeras del hospital donde lo recluyeron aullando sin control alguno. |