Conocidos en todo el mundo son los cristales de Murano, cerca de Venecia, en el norte de Italia. Ya en los tiempos de la modernidad, cuando los artesanos del vidrio se especializaron hasta conseguir verdaderas maravillas, no todo era soplar y hacer botellas, como dice el refrán popular. Muchas veces, al intentar dar forma a una obra de auténtico valor artístico, se fallaba de manera irreparable y, entonces, la pieza conseguida no podía ser utilizada más que como un vulgar frasco de vidrio. En italiano, al frasco se le llama "fiasco", de allí y por traslación, cuando algo no sale de la mejor manera o como uno esperaba, se dice que "resultó un fiasco".
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