En la primera mitad de los 80, dos películas biográficas, marcaron el tenor cinematográfico de entonces. La primera fue "Gandhi", dirigida por el inglés Richard Attenbourough y que exhibida en 1982, ganó rápida fama internacional. Una genial actuación de Ben Kingsley hizo que la vida del Mahatma fuese sumamente real. En esta película se utilizaron 300.000 extras, todo un récord y un desafío para el director. El film tuvo una extensa duración, pero su cuidadosa narración y su continua armonía estética, hicieron de ella una verdadera joya cinematográfica. La otra película fue "Amadeus", estrenada en 1984. Dirigida por Milos Forman, daba a conocer algunos aspectos de la agitada vida del talentoso músico austríaco Wolfgang Amadeus Mozart. El filme supo recrear los ambientes barrocos y palaciegos en los que se movió el compositor, del que daba una visión absolutamente diferente a la que todo el mundo tenía. Mozart aparecía como un genio caprichoso e infantil, casi inconsciente de su capacidad para componer música. Esta faceta despertó admiración en diversas cortes europeas, promoviendo la envidia y el rencor de muchos colegas. Uno de ellos, Antonio Salieri -interpretado magistralmente por F. Murray Abraham- era quien narraba la historia del ascenso y la caída de Mozart, desde su perspectiva personal. Ambas cintas, "Gandhi" y "Mozart", obtuvieron el Oscar a la mejor película del año, demostrando que aún el premio más comercial de la cinematografía mundial, sabía reconocer los méritos de estas dos propuestas. |