Enrique Santos Discépolo, desde su rol de letrista de tangos, se convirtió en uno de los más geniales retratistas sociales de la Argentina de la primera mitad del siglo XX. Su aspecto desvencijado y su enorme nariz, lo asemejaban a una caricatura, pero su enorme talento le permitía observar como ninguno el dolor ajeno y la miseria general. Sus composiciones estaban cargadas de frustración, de amores incompletos, de preguntas de respuestas amargas y de soledades tormentosas. Deambulando en los cafetines de Buenos Aires, compartiendo mesas con poetas, bohemios y malandrines, Discépolo tuvo letra de sobra para retratar aquel contexto lleno de pasión y sufrimiento. Su "Cambalache" es todo un himno magistral de la sociedad que se niega a perder vigencia, pero no menos geniales son otras de sus profundas pinturas, como "Esta Noche Me Emborracho", "Yira, Yira", "Tormenta" o "Cafetín de Buenos Aires". Siempre envuelto en un manto de tristeza reflexiva, Enrique Santos Discépolo supo construir toda esa poesía cruel que tendrá lugar en el 2000 también. |