Al escuchar el nombre de Ricardo I, Corazón de León, rey de Inglaterra, muchos lo asociarán con un personaje noble, heroico y gentil. No estarían errados, pues los mismos ingleses lo consideran como el mejor rey que tuvieron en la historia. Sin embargo, este famoso monarca no las tuvo todas consigo. Nació en 1157 y su precoz ambición por ocupar el trono de Inglaterra, lo llevó a enfrentarse con su padre, a quien sucedió en 1189. Ricardo era muy hábil en cuestiones políticas y se lo consideraba un gran estratega militar. Durante su reinado, Jerusalén estaba tomada por los turcos y fue ese uno de sus máximos afanes: devolver la libertad a la tierra santa. Para ello, Ricardo Corazón de León armó un poderoso ejército que emprendió la tercera cruzada hacia oriente para liberar Jerusalén. La empresa terminó en un completo fracaso. Para colmo de males, al retornar derrotado, Ricardo fue tomado prisionero por sus enemigos alemanes, quienes sólo lo devolvieron luego del pago de una considerable suma. De regreso en su reino, se encontró con la novedad que su hermano había tomado su trono, pero como el apoyo popular era muy grande, Ricardo pudo recuperarlo sin problemas. Este episodio de la historia inglesa ha sido inmortalizado en las aventuras de Robin Hood. Hay pruebas de que Ricardo Corazón de León sentía una fuerte atracción por los hombres, pero como la homosexualidad atentaba contra la moral británica imperante, decidió formalizar un casamiento con Berengaria, quien se prestó a este juego para encubrir la reputación del monarca. A pesar de todos los conflictos y las calamidades que tuvo que afrontar, Ricardo I ocupa, aún en la actualidad, un puesto de privilegio entre los reyes de toda Europa. |