El interés de los cineastas por reflejar la realidad ha sido un anhelo polémico desde que se inventó el cinematógrafo. Por ello, mucho consideran que el mero informativo es el medio adecuado para no deformar la realidad, como hicieron los hermanos franceses Pathe, en los comienzos del cine. Otros apostaron al documental, como vía para dar a conocer la realidad humana, siendo el inglés Robert Flaherty el primer maestro del género, que se consagrara con un estupendo documental rodado en 1922, llamado "Nanouk, el esquimal", en el que daba una formidable idea de la vida en el Artico. Sin embargo, otros pensaban que una historia de ficción, basada en la realidad humana, era lo mejor, pues allí podían unirse el retrato social verdadero y la estética y el dramatismo artístico. Esta fue la idea que dominó a muchos directores soviéticos, como el genial Sergei Eisenstein, autor de la aclamada "El Acorazado Potemkin"; Pudovkin, creador de la película "La Madre" o Dovchenko, director de "La Tierra". Este movimiento cinematográfico ruso, desarrollado a partir de los años 20, a veces es denominado como "Realismo Fantástico", pues tomó la realidad para maquillarla con un argumento de ficción. En la historia del cine, sin dudas que los partidarios de esta última tendencia fueron los que se impusieron, ya que son miles los filmes que toman una faceta de la realidad y la transforman en una ficción. Sin embargo, los resultados no siempre son los mismos, pues, a veces, se obtienen magníficas historias que son poderosos testimonios humanos y, otras veces, la inatrapable realidad aparece pervertida detrás de malos guiones o tendenciosas intenciones. |