En la mayoría de las culturas de la historia universal, quitarle la vida a otras personas a estado mal visto y ha merecido un castigo para los culpables. Sin embargo, todos conocen las groseras incoherencias de la cultura humana. En numerosas circunstancias históricas, el castigo fue, justamente quitarle la vida al culpable del delito, con lo que la prohibición de matar quedaba restringida a determinados casos. Así, en este retorcido campo de las actividades socio-culturales, pudo encontrarse el trabajo de verdugo. Por ejemplo, William Calcraft, quien vivió en Londres entre 1800 y 1879, fue verdugo oficial durante 46 años. Calcraft terminó, horca mediante, con los días de más hombres y mujeres que cualquier asesino de la época. Sin embargo, su actividad laboral estaba considerada como la de un zapatero o la de un cartero. Claro está que las autoridades avalaban su oficio y le retribuían económicamente por matar bien a sus conciudadanos. |