Durante la Edad Media y la Edad Moderna, muchas de las elucubraciones hechas al respecto de las transfusiones de sangre resultaron inauditas, pero muy propias de la época. Algunos avezados estudiosos consideraban que, con el traspaso de sangre de un animal a otro, se obtendrían mutaciones terroríficas, pues pensaban que características propias de una especia pasarían a la otra mediante su sangre. Otros, apuntando a los posibles beneficios, creían que si se transfundían las sangres de dos personas enemistadas, tal vez, se reconciliarían. Todas estas especulaciones llevaron a que las transfusiones de sangre estuviesen prohibidas durante 200 años. Al descubrirse, durante el siglo XIX, que la sangre de las personas no era igual en todos los casos y que respondían a grupos específicos, las transfusiones pudieron resultar eficaces y salvar vidas. |