El 11 de septiembre de 1973 se produce un golpe de estado en un país latinoamericano, este hecho y en esta geografía no constituyen, por cierto, datos novedosos. Sin embargo, en el caso apuntado resulta llamativo debido a que este sangriento suceso pone fin, tanto a la más vieja tradición constitucional de América Latina como a un intento de cambio social nunca antes encarado de esta manera. Chile vive en 1970 una tempestuosa campaña electoral que desembocaría en el triunfo del candidato de la Unidad Popular Salvador Allende. La coalición de socialistas, comunistas y sectores de izquierda que dieron el triunfo a Allende y el programa de gobierno anunciado, constituían para los opositores políticos y los grupos más privilegiados, un peligro de dimensiones incalculables. Desde el siglo XIX el país era conducido por una élite de propietarios que tuvo larga continuidad política que fue sucedida en el poder, ya finalizando el siglo, por grupos liberales. Los cambios políticos no alteraron la estructura económica de corte feudal en la que una vieja aristocracia poseía las cuatro quintas partes de la tierra cultivable y las riquezas minerales del país estaban en manos extranjeras. En el polo opuesto, los campesinos, sin tierras propias, debían emigrar a las ciudades para subsistir, engrosando las filas de desocupados urbanos. El presidente socialista se propuso acabar con la explotación imperialista y realizar una reforma agraria. La historia, ya conocida, fue bastante distinta. Una junta militar presidida por Augusto Pinochet derrocó al gobierno constitucional y Allende, dispuesto a defender el Palacio Presidencial resultó asesinado por los golpistas. La poderosa clase dominante desplegaba su fuerza no sin la conveniente ayuda de la administración Nixon, durante la cual la CIA intentó , no sólo impedir la elección sino boicotear el gobierno ayudando a los opositores y a los organizadores de huelgas. La CIA fue presionada por compañías norteamericanas, como la ITT, que ofreció un millón de dólares para financiar actividades contra Allende. Como toda historia en la que hay intereses económicos en juego, mientras en la ONU se condenaban las torturas y atropellos del gobierno militar, irónicamente, la postura americana cambió radicalmente, de los boicots sistemáticos a Allende se pasó a una generosa política crediticia. Paradójicamente, la indignación no salió de los foros internacionales, la afluencia de préstamos e inversiones no hicieron mas que fortalecer al régimen militar. |