La historia del mundo está llena de sometimientos, venganzas, ascensos y descensos de personas, pueblos y civilizaciones. En ese fantástico y escalofriante devenir de los seres humanos, hubo un momento en el que a Babilonia le tocó ser la capital del mundo. Corría el año 612 antes de Cristo, cuando al rey caldeo Nabopolasar se le ocurrió formar un temible ejército para terminar con la opresión ejercida por los asirios. Contando con el pleno apoyo de los Medos y de todos los pueblos sojuzgados por el yugo asirio, marchó contra Nínive, principal ciudad del imperio asirio. El triunfo fue total. Allí comienza el esplendor de los caldeos y el cuarto de hora de Babilonia, "La Reina de Asia" de aquel entonces. Nabucodonosor, hijo y sucesor del rey Nabopolasar, sometió a los asirios y los esclavizó en favor de Babilonia. Allí, los esclavos construyeron grandes obras públicas, que le dieron la real grandeza a aquella ciudad. Primero levantaron una muralla doble, como fortificación, de 30 metros de ancho y 50 kilómetros de extensión. Luego construyeron un fabuloso templo para el culto de su dios Baal y realizaron una de las 7 maravillas del mundo antiguo: los jardines colgantes de Babilonia. Se trataba de una serie de terrazas y estanques armoniosamente distribuidos, que era todo una novedad estética. Asimismo, dentro del gigantesco predio amurallado, se encontraba un gran terreno destinado al cultivo y al almacenamiento de víveres. Así transcurrieron los años dorados de Babilonia, hasta que los sucesivos monarcas, apoltronados en su grandeza y seguridad, dilapidaron las fortunas acumuladas y terminaron por debilitar las principales instituciones del imperio. |