A priori, vincular el fútbol con la religión, o un estadio con un templo, parece un poco caprichoso o desubicado. Pero, en nuestra cultura, a partir del rol que juega el deporte desde hace mucho tiempo, en especial el fútbol, dicha comparación resulta fácilmente practicable. Una sola palabra bastara para enlazar el fútbol con la religión: fanático. Originalmente, la palabra fanático, aludía a aquellas personas que encontraban una profunda inspiración dentro los templos, en la época del imperio romano. La supuesta fe de estos creyentes era tal, que sus facciones se transformaban y sus acciones resultaban incomprensibles para el resto. Si situamos la acción en un estadio de fútbol, podremos contemplar, sin demasiado esfuerzo, por qué a los hinchas más entusiastas o más violentos se les llama fanáticos. Actualmente, el fanatismo deportivo no necesita de un templo o de un estadio para darse a conocer, pues la transformación de estos individuos puede tener lugar en cualquier sitio, sea éste un living, un bar o un subterráneo. |