Al legendario Rey Arturo se atribuye la creación y el comando de la célebre orden de los caballeros de la mesa redonda, símbolo de la caballería durante la Edad Media. Arturo habría dispuesto sus caballeros alrededor de una tabla con forma de círculo para evitar que los mismos se pelearan por ocupar puestos de privilegio. Según algunos datos históricos, Arturo y su ejército habrían luchado por mantener el control de su territorio, luego de que se retiraran los romanos, allá por el siglo V de nuestra era, haciendo frente a los embates de los anglos, los jutos y los sajones. Luego, la historia se enreda con la leyenda, dando lugar a un fantástico relato. Se dice que la principal tarea de los caballeros de la mesa redonda era encontrar el Santo Grial, copa sagrada en la que Cristo habría colocado su sangre durante la última cena con sus apóstoles. Sin embargo, dicho objeto nunca fue hallado. También aparece la figura de Mondreut, sobrino de Arturo que reclamaba para sí la corona de los celtas. Ambos caballeros se aprestaron para una gran batalla, pero al encontrarse en el campo, primero decidieron aclarar las cosas pacíficamente. Arturo había dicho a sus subordinados que no atacasen, salvo que un soldado enemigo desenvainase su espada. En medio de las conversaciones, un hombre que integraba las tropas de Mondreut, sacó su espada para matar a una serpiente, provocando el inicio de una cruenta lucha que terminó con la vida de miles de hombres. Al fin de la contienda, ambos líderes se trenzan en singular disputa. Allí, Arturo da muerte a su sobrino, pero es gravemente herido. Entonces pide el mítico rey que su famosa espada Excalibur sea arrojada a las aguas, donde es rescatada por una extraña mano. Luego, el monarca es conducido a una playa, en la que tres hermosas damas lo conducen en una barca hacia Avalon, un mágico lugar donde podría curar su herida. Nunca más se lo vio, aunque muchos dudaron de su muerte. Sin embargo, agigantando el misterio que rodea la existencia de Arturo, hoy mismo, no muy lejos de Londres, puede leerse en una lápida de la Abadía de Glastonbury la siguiente leyenda: "Aquí yace Arturo, rey que fue, rey que será". |