Mientras en Buenos Aires se vivían agitados tiempos durante el año 1840, un maravilloso invento llamado fotografía llegó al Río de la Plata. En la fragata "Le Orientale", que por aquel entonces ancló en el puerto de Montevideo, viajaba un grupo de jóvenes acaudalados que, entre otras novedades, traían la máquina de daguerrotipo. La capital uruguaya se había convertido en uno de los lugares de exilio de los emigrados argentinos que huían del régimen rosista. No es sorprendente, por lo tanto, que en la primera sesión estuvieran presentes conocidas figuras de la élite porteña, opositores políticos que desde allí combatían al gobierno de la Federación. Fue tal la sensación que causó en los presentes, entre los que se contaban Mariquita Sánchez de Thompson, Florencio Varela y el general Iriarte que registraron en notas personales y cartas el impacto de la experiencia e, incluso, escribieron a sus familiares asegurando la perfección, rapidez, y exactitud de las impresiones, imposibles de obtener por otros medios. Pasaron tres años para que un daguerrotipista profesional se instalara en Buenos Aires y, tal como había sucedido en Montevideo, fueron las personas con fortuna las primeras en posar ante la novedosa máquina, de este lado del Plata, fue Manuelita Rosas quien no tardó en hacerse retratar. |