Resulta asombroso conocer la trayectoria semántica de algunas palabras. Es el caso del vocablo gorila. Parece que fueron los griegos los que bautizaron así a una tribu, originaria de Africa, cuando los conocieron, unos 500 años antes de Cristo. Aquella denominación aludía a la gran cantidad de pelambre que los aborígenes tenían en todo su cuerpo. Más de 2000 años después, un científico estudioso de los animales, decidió llamar gorilas a unos simios de enorme tamaño, encontrados en el corazón de la selva africana. Ya en el siglo XX, en nuestro país, es común encontrar el término gorila para definir a una persona que no respeta al prójimo y que trata de resolver las cosas imponiendo su voluntad a toda costa. Más específicamente, el término pasó a ser un sinónimo de fascista o de partidario de la extrema derecha. |