Misteriosamente, unos 1200 años de Cristo, una de las más maravillosas culturas humanas terminó sus días abruptamente. Se trata de la civilización cretense o minoica, antesala de la gran cultura griega. Los cretenses fueron un pueblo pacífico, y prueba de ello es que sus ciudades no estaban amuralladas, como era común por entonces. Su situación geográfica, en medio del Mar Mediterráneo, favoreció su contacto con otras culturas y el desarrollo de su marina. Tenían una idea muy moderna de la vida. Por ejemplo, eran muy dados a la práctica de deportes al aire libre, como el atletismo y el boxeo. Son los primeros en efectuar ejercicios con toros, lo que los sitúa como pioneros de las corridas que todos conocemos. La mujer cretense estaba totalmente integrada la vida social, acompañando a los hombres en todas las manifestaciones deportivas, artísticas y laborales. En sus laberínticas viviendas, se encontraban numerosa pinturas con escenas de la vida cotidiana. Este maravilloso pueblo, según se cree, fue una víctima más de los arios, una raza, por entonces, sumamente belicosa, que venía desplegándose desde el Turquestán con afán de invadir todas las tierras conocidas y por conocer. |