La incomprensión de los demás ha sido el histórico castigo que los afectados por la locura han debido soportar. Los griegos intentaron tipificar y explicar algunos rasgos de la locura. Los romanos creían que algunos seres divinos la originaban. Los habitantes de Europa, durante la Edad Media, la atribuían a los demonios, propinando severas y crueles represalias a quienes presentaban signos mentales anormales. Uno de los primeros que habló en favor de la locura -aunque con intereses que estaban más allá de la enfermedad- fue Erasmo de Rotterdam, en su consagrado libro "Elogio de la locura". La incomprensión crónica que han soportado los locos, en casi todos los tiempos, los llevó a la muerte o al aislamiento. En los comienzos del siglo XV, en España, gracias a la piedad de un sacerdote, se estableció uno de los primeros hospicios para intentar ayudar a los afectados mentales. Sin embargo, esta idea no fue seguida en toda su intención, pues aparecieron numerosos centros dedicados a esa tarea, pero que obraron más como cárceles que como instituciones que tendiesen a la rehabilitación de los enfermos. Esto se mantuvo durante muchos años, hasta que en el siglo XVIII, ya con la ciencia más consolidada, aparecieron los verdaderos centros de rehabilitación. La actualidad nos muestra que, a pesar de los esfuerzos y de los adelantos, los locos siguen estando más cerca del repudio que de la comprensión. |