Hoy estamos acostumbrados a abrir la heladera y tomar un alimento, a tirarnos en un sofá y encender el televisor, a subir a un automóvil y escuchar música. No siempre fue así, ni mucho menos, El descubrir algún elemento o utilizar alguna bestia en beneficio propio, fueron, muchas veces, los fundamentos principales para que un grupo de personas pudiese dominar a otras. Esto es lo que ocurrió cuando en Irán, hace unos 3500 años, los medos y los persas ingresaron en aquella planicie y, lentamente, fueron fundando un gran imperio. Eran pueblos pacíficos, de raza blanca, poseían la escritura cuneiforme -ideada por los sumerios- y se vestían con túnicas de diversos colores. Sin embargo, la clave de su éxito no residió en ninguna de esas cosas. Ellos sabían dominar, como pocos, los caballos y, más aún, también habían domesticado, como animal de carga y traslado, a los camellos, por entonces desconocidos en esa región. El otro elemento fundamental que inclinó la balanza de los tiempos a favor de los medos y de los persas, fue el aprovechamiento del hierro. Este material fue fundamental, tanto en lo que hacía a la fabricación de elementos para el trabajo, como en la confección de armas para la guerra. Estas tres cosas: hierro, caballos y camellos, en su momento, muy lejos en el tiempo, decidieron la supremacía de unos sobre otros seres humanos. |