En películas, series o novelas, suele escucharse con frecuencia la siguiente frase: "soy culpable de un delito que no he cometido". Generalmente, es el protagonista de la historia el que la pronuncia. Parece de cuento, pero en la vida real hubo numerosos casos que superaron la ficción. Uno de los más insólitos es el ocurrido en los Estados Unidos, en la década del 80. La justicia, si podemos llamarla así, dispuso encarcelar a Robert McLaughlin en el año 1980, por un asesinato cometido en 1979, en la ciudad de Nueva York. McLaughlin fue condenado a 15 años de prisión, de los que cumplió 6, hasta que su padrastro logró convencer, pruebas mediante, a las autoridades judiciales de que el imputado no era el verdadero responsable del crimen. En 1986, Robert McLaughlin fue dejado en libertad y recibió una indemnización de casi 2 millones de dólares. Sólo él sabrá si semejante suma compensa las temporadas en la cárcel que, injustamente, debió soportar. |