El Santo Oficio o, como fue más conocido, la Inquisición, fue una institución religiosa que ha sido condenada por la propia Iglesia Católica. Sus actividades se iniciaron en Sevilla, encabezadas por el dominico Francisco de Torquemada. Con el afán de hacer cumplir con rigidez los mandamientos y otros aspectos religiosos, el Santo Oficio dispuso combatir a los judíos, a los moros y a los protestantes. Pero sus castigos también incluían a los condenados por bigamia, blasfemia, piratería y brujería. Las terribles torturas a que eran sometidos los sospechados de alguna culpa y los crímenes cometidos en nombre de Dios, duraron algunas centurias. En el siglo XIX, oficialmente, las incoherentes actividades de la Inquisición terminaron, pero recién más de 100 años después, la cúpula eclesiástica católica reconoció, públicamente, la equivocación más aberrante de su historia. |