Cuenta la leyenda que cierta vez existió un joven atleta, oriundo de Creta, que se impuso brillantemente en unas competiciones atléticas. Este joven, de nombre Androceo, fue asesinado por los envidiosos griegos. Ante tal situación, el padre del difunto, el rey Minos de Creta, dispuso sitiar la ciudad de Megara, lugar del que provenían los homicidas. Llegado a las puertas de la ciudad, la princesa del lugar, llamada Scila, se enamoró del rey que clamaba venganza. Para demostrar su amor, la princesa le arrancó a su padre un pelo rojo de su cabellera, debilitando su poder. Scila le envió el cabello al rey Minos, quien, ante esta señal, entró triunfante en la ciudad de Megara. Allí dispuso de los agresores y despreció a la princesa traidora. La leyenda agrega que ante semejante rechazo, Scila se arrojó desde un peñasco al mar, pero pudo volver a la vida en forma de alondra. Sin embargo, Zeus, molesto con la actitud que en vida tuviera la princesa, hizo resucitar a su padre en forma de gavilán. Así, los griegos creían que esa era la causa por la que el gavilán siempre persigue a la alondra. |