El azar y las voluntades se juntan y dan como resultado, muchas veces, transformaciones inesperadas. Así ocurrió en 1546, cuando Martín Lutero decidió colocar en la puerta del castillo de Wittenberg sus 95 tesis que lo enfrentaron con la Iglesia Católica de la época. Por entonces, la Iglesia había puesto en marcha un plan de venta de indulgencias para recaudar fondos. Esta medida, y algunas más, habían malquistado a algunos sectores del catolicismo, que no admitían que mediante el dinero se pudiese ganar la gracia divina. Lutero fue uno de ellos y así se atrevió a desafiar las decisiones de la cúpula eclesiástica, sin saber que su acción desembocaría en una profunda división religiosa. La Iglesia lo condenó por hereje y como Martín Lutero no se retractó de sus afirmaciones, debió refugiarse en un castillo para no perder la vida. Un grupo de nobles, que pretendían quitarle poder a la Iglesia, apoyó al sacerdote que protestaba. Esto le permitió a Lutero permanecer oculto durante un tiempo y, finalmente, recuperar su libertad para organizar aquel movimiento que terminaría por crear una nueva rama del cristianismo. |