Las dificultades históricas que la mujer tuvo que afrontar, para ocupar lugares de la sociedad que solo estaban reservados a los hombres, fueron múltiples y de variados orígenes. Uno de los personajes de la historia que aparece como un símbolo de lo dicho, es sor Juana Inés de la Cruz. Siendo muy pequeña, en su México natal, ya presentaba amplios signos de inteligencia, pero esta virtud sería en su vida más un obstáculo que otra cosa. Aprendió a leer a los 3 años y era muy severa consigo misma cuando no conseguía aprender algo en los tiempos que ella pretendía. Su temprana vida religiosa le llevó a notar algunas incoherencias en la práctica de la fe cristiana, lo que le valió numerosos enfrentamientos con las autoridades de los conventos por los cuales transitó. Sus capacidades intelectuales hicieron que despertara en ella un profundo interés por asistir a la Universidad, pero la proscripción para las mujeres fue un impedimento que no pudo superar. Su particular sensibilidad hizo que se destacara también en la composición de poemas, en los que dejó claras muestras de sus pensamientos. Siendo joven aún, sor Juana Inés de la Cruz perdió la vida a causa de contagiarse una letal peste que asoló la ciudad de México, ya que la religiosa decidió quedarse en el convento de San Jerónimo para asistir a los enfermos y colaborar con sus compañeras. |